“Leónidas y sus 300″: Crónica del Real Sociedad – Real Sporting

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Fe de erratas.
En mi anterior crónica, la del R.Madrid, comenté que el partido en el que Ablanedo pisó a Hugo Sánchez, habíamos perdido 1-2. No fue así. Ganábamos 2-1 y el penalti y expulsión supuso el 2-2 definitivo. Mi imaginario personal me jugó una mala pasada. Aún no sé por qué sigo pensando que habíamos perdido el partido por aquel gol de Martín Vázquez. Tengo que agradecerle el baño de realidad a mi martirio y, sin embargo, gran amigo Tinín; una verdadera enciclopedia cuando se habla de fútbol y que siempre está ahí para recordarme que no sé por dónde ando. Gracias, mariconazo.

Hoy voy a hablar poco del partido. Muy poco. Y entenderéis el porqué.

Resulta que a través de un amigo conseguí una entrada de ésas que mandan para Gijón, para la afición visitante. Treinta lereles y hacinados en un fondo de Anoeta. Y claro, es un estadio y tiene pista de atletismo, es decir, estás lejos y casi a ras de suelo, es decir, no te enteras prácticamente de ningún detalle táctico del partido. Sólo ves jugadores entremezclados por el campo, sin ninguna perspectiva y sin saber qué distancia hay entre ellos o dónde está exactamente el balón.
Lo que voy a contar, sobremanera, es lo que viví en el campo antes, durante y tras el partido. Lo que voy a contar, es la historia de Leónidas y sus 300. Qué grande, Leónidas.

Después de pasar un día espectacular en una ciudad que no conocía y que me dejó maravillado, Donosti, con la moza y los críos, con mi camiseta del Sporting, luciéndola orgulloso mezclado entre txuri urdines y sportinguistas, con un fabuloso ambiente pre partido y una gente fenomenal, de las que te hace sentir a gusto, decidí quitarme la rojiblanca y ponerme un polo normal y corriente para ir al campo. Mi decisión era por una causa principal: yo estuve en Éibar el año de Rodado y sé cómo se las gasta la Ertzaintza. Han pasado unos cuantos años y ya no soy el que era, y no tengo la punta de velocidad que tenía para salir por piernas.
Llegué con una hora de antelación. Y allí me senté, a esperar que la gente fuera entrando al campo. Poco a poco se iba llenando de sportinguistas y los cánticos eran cada vez más frecuentes. Ambiente sano, con buen rollo y ganas de que empiece el partido. Cada vez más ganas.
El estadio me pareció muy chulo por dentro y aunque tiene más aforo que el nuestro, la sensación es que cabe menos gente, al menos es la sensación que me dejó. Creo que llegó a haber algo más de tres cuartos de entrada.
Comienza el partido y todos a animar, con muchas ganas de mete-yos mano en el campu.
Debíamos llevar unos veinte minutos de partido cuando oigo a mi izquierda algo de jaleo. Miro a través del cristal que separaba nuestra zona del resto y veo a los donostiarras inquietos, levantándose y mirando para atrás… Y es entonces cuando los veo, y los oigo. Veo los cascos de los ertzainas y oigo los cánticos de los ultras del Sporting. Y allí nos los traen, hasta nosotros los escoltan y allí aparecen, cantando, con sus arengas para que el sportinguismo soft se sume al hardcore que ellos traen. Y oye, son recibidos como putos héroes. La chica que estaba a mi lado con su novio no paró de llamar a uno de ellos hasta que éste la miró, la señaló y le guiñó el ojo. Casi se mea, la niña. Yo no daba crédito.
Y allí le vi, allí bajaba él, con sus pantalones paramilitares, sin camiseta, con doscientos tatuajes, el pelo bien rapado, a lo marine… un tremendo Maciste, un braco de pijama y orinal, una bestia parda que metía mieu por la cabeza. Allí estaba Leónidas.
Nosotros éramos uno acadios pringadillos que nos encontramos con los espartanos, nos miraron con desdén y Leónidas dijo:
-Ultraboooooys… ¿cuál es vuestro oficio?
-AHÚ, AHÚ, AHÚ
Y oye, carretera y manta.
Serían unos treinta, no trescientos; pero había unos siete u ocho que era para verlos. Qué auténticas bestias. Y oye, algunos de ellos unos críos, ¿eh?. Pero vamos, que yo no sabía que había esta cantera. Mamina mía.
Y entre que el partido era aburrido, que no veía un pimientu y que estaban éstos allí, me pasé más tiempu mirándolos a ellos que al juegu, en la primera parte.
Rápidamente se plantaron abajo, de pie y sin parar de chillar. Con sus banderas españolas, con sus gestos claramente amenazantes y con alguna que otra borrachera de tres pares. Y claro, a los que tuvieron la mala suerte de sentarse por aquella zona, se les fastidió el partido.
Algunos se atreve a protestar pero Leónidas, pausado, calmado, dialogante, para que viéramos por qué tiene el status que tiene, hablaba con el segurata para intentar buscar soluciones y que todos se reubicaran de forma satisfactoria para todo sportinguista de bien. Pero ni pa Dios. No se sientan, no hay más sitios y los de atrás se joden.
Descanso. En el libro de Astérix “La Cizaña”, el grandioso Perfectus Detritus consigue que los piratas hundan su propio barco para que el capitán diga <<Ya no necesitamos a los galos para hacer el ridículo, nos bastamos nosotros solitos>>. Pues bien, los ultras pensaron en lo mismo y tras gestos obscenos a la afición rival que estaba encima nuestro, saludos a lo Heil Hitler, gallina baja aquí si tienes lo que hay que tener y tal, pues deciden pegarse entre ellos. Dos del Sporting a hostia limpia. Menos mal que Leónidas no está puesto por el ayuntamiento y sale a separar y poner orden, ayudado por solícitos lugartenientes ansiosos por hacer méritos mostrando quién la tiene más gorda… La bandera de España, digo.
Si Freud está en la grada, pide el cambio; si está Darwin, pide le premio Nobel; si está Mendeleiev… pide otru chupito wodka y descubre un nuevo gas noble.
Queda nada pa acabar y decido irme porque me temo que si no, no salgo. Delante de mí salen dos tíos porque el segurata se aparta. Cuando estoy llegando yo el árbitro pita el final y el hombre me dice que ya no puedo salir. Juego mi astuta baza:
-Pero no llevo camiseta del Sporting
-Díselo a mi mano
Y oye, a fastidiarse y esperar. Un sesentón llega y le paran, a lo que dice:
-¿Tengo pinta de peligroso?
-No, pero no puede pasar, lo siento.
Bien. Este señor, y otros tres, no pararon de dar por culo a los tres infelices de seguridad durante la media hora que nos tuvieron allí cerrados. Seguro que hubieran preferido, los de seguridad, a diez ultras peligrosos. Qué cosa, oyes. Qué infierno de señores.
Los personajes que allí nos juntamos éramos de lo más variopinto. Los cuatro señores rompehuevos, el mamao dialogante, que era comprensivo con los seguratas pero les daba una brasa insoportable a la vez que apaciguaba a los cuatro señores, y a las masas que cada vez insultaban y amenazaban más. También una señora de unos doscientos kilos gritaba porque sus “pobres” hijos necesitaban beber agua y hacía mucho calor -esto último era cierto, el calor era insoportable- insultaba y calentaba a su marido que, no queriendo quedar como un pringao, comenzaba a chillar más alto que su doña, secundado por sus dos hijos, dos mihuras de unos trece años que aporreban el cristal que nos encerraba. Todo muy guapo. Otro con una borrachera como tres pianos me decía al oído que aquello no era legal y que si venía con un notario se iban a enterar.
Y yo con un calor de la Virgen y temiendo que uno de los seguratas llamara por radio a la Ertzaintza. La gente insultando cada vez más, los graciosos a ver quién decía la chorrada que más gracia hacía, los apocalípticos avisando de la posible tragedia que se gestaba… Y yo pensando la ensalada de hostias que nos iba a terminar cayendo.
Al final, por fin, nos dejan salir… Y según salimos, somos recibidos a puerta gayola por un cordón de unos veinte ertzainas, con sus pasamontañas, sus porras, sus protecciones… ay, mamina que acabo cobrando hoy.
El mamao dialogante intenta dialogar y un policía autónomo vasco lo agarra por el gañote, lo zarandea y lo emburria pa dentro del redil. Y al hombre se le quitan las ganas de dialogar y le entran unas ganas locas de silbar con disimulo, por la cuenta que le trae.
Miro a uno y él me aguanta la mirada… Y silbo, vaya que si silbo. Por suerte, en tres minutos nos dejan ir.
Mi resumen es que, mientras me lo pueda permitir, en mis próximos desplazamientos, si los hubiera, iré donde no esté “la afición rival”. No me gusta que me den ese trato y me gusta menos que me mezclen con ultras. No tengo NADA que ver con ellos.
La policía metió la pata. No deben mezclar a críos, familias y gente que va a ver el fútbol con radicales. Eso lleva a que, injustamente, nos tengan retenidos cuando no era necesario si no estuviéramos en el mismo saco que ellos.
Pero no quita que la actitud de sportinguistas de a pie, fuera lamentable y de vergüenza ajena con tres empleados de seguridad -dos hombres y una mujer- que no tenían ninguna culpa de lo ocurrido.

Pichu, Lora, Luis, Bernardo, Isma López. Doble pivote para Sergio y Cases con Jony por la izquierda y Carmona por la derecha, con Guerre y Sanabria arriba. Es decir, el mismo equipo que contra el Madrid.
El partido fue un rollo, pero dimos la talla. Repitiendo alinieación y sistema, Abelardo quiso asegurar atrás para luego ir construyendo nuestro juego ofensivo. Lo de siempre en este equipo, nuestra seña de identidad: mucho trabajo colectivo, mucha desgaste, mucha solidaridad y un increíble esfuerzo que da como resultado una Real Sociedad que en la primera mitad no tiró a puerta, creo recordar. La ocasión más clara, a pesar de que me pilló en la portería contraria, me dio la sensación que fue la de Carmona.
Según la prensa de hoy en Guipúzcoa, debió de jugar Dios con la Real y yo no me enteré por que, por lo visto, lo de Illarramendi fue una cosa desproporcionada. En fin, Serafín, lo que hay que leer por no estar ciegu.
Para mí, el Sporting no fue inferior a la Real en ninguna faceta del juego y en ninguna fase del partido. Hubo momentos en los que nos encerraron un poco atrás… Pero nosotros a ellos también. No dimos muchos pases seguidos, pero coño, ellos tampoco: ya dije que el partido fue un rollu.
El partido de nuestros dos centrales fue una cosa desproporcionada. La prensa, en cambio, dice que quien hizo un señor partido fueron los dos centrales de la Real que, según ellos, anularon completamente a Guerrero.
Sergio en su línea, aunque le pesó la tarjeta. Cases bien. Jony intermitente pero en la parte final del partido creo problemas por su banda. Guerrero brutal, Sanabria muy bien, como el día del Madrid. Lora me gustó e Isma algo gris. Carmona volvió a ser un jugador ramplón tras el soberbio partido del otru día.
Me gustó mucho Mascarell, que salió por la tarjeta de Sergio, que pudo haber sido expulsado un rato antes de su cambio. Jugó rápido la pelota y con mucho sentido ofensivo.
Juan, que salió por un agotado Guerrero vuelve a desesperarme con su indolencia. Si sales en esas fases del partido, y sales para reforzar la recuperación del balón, y sales para el balón parado… Chico, hazlo en condiciones.
Y Halilovic. Muchas ganas tenía de verle. Tardó muchó en tocar su primer balón, pero la sensación que te queda tras verle, es que el guaje tien muy buena pinta. Tira diagonales hacia dentro, rápidas, con el balón pegao a los pies y creo que nos va a dar ese último pase tan necesario para el juego entre líneas de los dos delanteros. Creo que da un salto de calidad importante, y necesario, al equipo pero… Habrá que ver cómo trabaja en defensa, faceta vital para Abelardo.
A modo de curiosidad, hubo creo que tres centros seguidos a nuestro área, en el segundo tiempo, en el que Bernardo le puso los huevos en la nuca a media R.Sociedad las tres veces para sacar el balón. Lo de este chaval es asombroso. Y la progresión que tiene, brutal.

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