La Gineta

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Por Miguel

Hoy vamos a hablar de otro vecino muy extendido por toda nuestra Asturias.

Ahora nos adentramos en el reino de la noche. Donde el Petirrojo era cercano, amigable y de hábitos diurnos, nuestro protagonista de hoy es todo lo contrario, esquivo, huidizo, se mueve entre las sombras.

Les presento ñores y ñoras a la Gineta. Un mamífero extremadamente ágil, buen trepador, de movimientos elásticos y elegantes. Mide en torno a 60 cm y pesa hasta 2 kg. El tono de su pelaje es gris ceniza salpicado con manchas negras o marrones. Su aerodinámico cuerpo termina en una larga y poblada cola que le ayuda a estabilizarse en sus saltos y cabriolas. En definitiva se trata de un animal bellísimo y de un letal cazador.

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Se alimenta de roedores, pequeños pájaros, reptiles, insectos y lo que buenamente atrape. Por experiencia os diré que les encantan las sardinas. Luego os cuento.

Este carnívoro que en Asturias llamamos Gineta, no siempre estuvo con nosotros. Se cree que vino de polizón a través del estrecho de Gibraltar, traido por Árabes o Romanos, para reproducirse después sin dificultades (al venir de climas cálidos, en algo tenían que entretenerse en la largas noches de invierno) y llegar hasta nosotros cruzando la cordillera Cantábrica.

Las camadas son de 2 ó 3 crías y aunque en la mayoría de libros hablan de huecos en los árboles como el sitio preferente donde sacar adelante a sus vástagos, os diré que en casa hemos convivido toda la vida con ellas. Han hecho suya la buhardilla y nos ofrendan con excrementos de caprichosas formas con los que marcan el territorio. Además desprenden un fuerte olor a almizcle, proveniente de una glándula que tienen en la parte posterior.

Un amigo me comentó que se sienten atraidas por las sardinas, doy fe que es cierto. Me amenizan las noches, sobre todo en verano, corriendo al otro lado del techo en lo que imagino juegos nocturnos y bailes amorosos guarecidas del frío y la lluvia sin que se asusten de mis ronquidos de oso.

Para concluir, permitirme un pequeño alegato conservacionista. Durante mucho tiempo se le ha encasillado dentro del grupo de alimañas, siendo perseguidas por los que desgraciadamente  ignoraban que se trata, por su dieta, de un animal altamente beneficioso para la agricultura y la casa.

Permítanme excluir  como aprovechable su piel para lucirla en un glamuroso abrigo.

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