Crónica basada en hechos reales. Crónica del Villareal – Sporting

{lang: 'es'}

Por Romeomontescus

Hoy no voy a hacer introducción a la crónica. No me apetez, la verdad. No me voy a meter con nadie; no voy a ponerme faltosu con la planta podre del club. Hoy dejaré en paz a Fernándeces, Vegas-Arangos, “Garcillas” Amados, Manfredos Diaces, Pepines Brañas y demás sinvergüenzas. Ni siquiera me apetez escupir a Rosety, cosa rara en mí porque debe haber pocos individuos que me enfermen tanto.

Y tampoco voy a hablar de los ciudadanos ejemplares, gijoneses ellos, de pro, que se dedican a llamar a la policía municipal porque gentuza incivilizada pasea los fines de semana con sus perros por San Lorenzo más allá de los límites establecidos de la escalera siete. Y mira que tengo ganes. Pero tamos aquí pa hablar de fútbol, o algo así, que se le parece; bien es verdad que tratándose del Sporting, hay veces que se le parece de lejos, de bastante lejos.

Prácticamente repetía Sandoval alineación y sistema de juego. 4-2-3-1 con Luis Hernández por el sancionado Lora. Lo demás, exactamente igual que el fin de semana anterior contra el Girona.

¿Y cómo puede ser que con los mismos ingredientes y el mismo orden al mezclarlos, en vez de una Tarta Gijonesa, hoy, nos haya salido una Tarta de Chocolate de Ikea?.

Hombre, me dirán ustedes, el Villarreal no es el Girona y El Madrigal no es El Molinón. Ya, sí, vale, perooooo…. no lo compro. No se puede cambiar tanto de un fin de semana a otro. Somos el Sporting, o lo tenemos todos claro o es mejor que alguno se busque acomodo en otro sitio.

Cuando al poco de empezar, un balón a la espalda de Bernardo planta a Uche solo delante de Cuéllar para, de forma incomprensible, echarla fuera, me dije: “Hoy, Uche nos va a dar por saco”. Y no me equivoqué, no. Con Iván Hernández de mamporrero, el amigo Uche nos hizo saber qué se siente cuando practican el medievo con tu culo, y sin estar empapado en crack, que diría Wallace.

Un desastre de primera parte, señores míos. Tal cantidad de despropósitos es difícil de analizar; sin posesión de balón, sin ningún tipo de intensidad, sin dar dos pases seguidos, haciendo dos mil faltas en poco más de media hora, un penalti como una casa.

Un equipo sin personalidad, deambulando por el campo como alma en pena, encerrados atrás, perdiendo balones de forma constante a causa de quitárselo de encima en vez de intentar jugarlo.

Sin coberturas, perdiendo la posición continuamente; cómo puede ser que estando tan metidos atrás los laterales nunca o casi nunca estuvieran en su sitio. Hacía mucho que los dos centrales no tenían tanto trabajo cayendo cada uno a su respectiva banda. Joder, es que Jonathan Pereira encaró muchas más veces a Bernardo que a Luis Hernández. A qué se debían estos continuos desajustes atrás. Ni Nacho Cases ni Cristian podían con Bruno y Farinós, que nos daban un auténtico repaso en la medular, especialmente este último, que dio una lección de fútbol el día que tenía libre en el geriátrico. Que tiene cojones, con doscientos años que debe tener y se meó encima de nuestros dos medio centros.

No teníamos ataque estático, para eso hay que tener el balón y, además, jugarlo, y nuestros pelotazos arriba eran balones claros para sus defensas ya que ni Sangoy ni Bilic, ni mucho menos Santi Jara podían hacerse con ninguno para apoyarse en la llegada en segunda línea de un desacertado Trejo.

Bien es verdad, que exceptuando la ocasión del nigeriano, ellos no habían tenido ocasiones especialmente claras. Pero la sensación de superioridad era tan grande que cabía esperar un gol del Villarreal en cualquier momento. Nos tenían encerrados atrás, con un acoso continuo, entrando muchísimo por las bandas, con Pereira muy activo por la izquierda y con un tal Aquino por la derecha que nos volvió literalmente locos.

Curiosamente, en una paupérrima primera parte tuvimos dos ocasiones muy claras, especialmente una de Trejo. Un córner ensayado desde la derecha del ataque Sportinguista botado, cómo no, por Sangoy para la llegada al segundo palo de Trejo que, completamente solo y con todo a favor, la echa incomprensiblemente fuera. La segunda fue un balón por la izquierda a Sangoy, que la pica lo justo ante la entrada abajo del lateral, de forma magistral y, metiéndose en el área, la intenta poner al palo largo pero se le va, eso, demasiado largo.

Pero antes de la ocasión de Sangoy, un balón que perdemos, otro más, en tres cuartos de campo y Musacchio suelta un patadón que se convierte en un gran pase a Uche, gran pase porque Iván Hernández no sabe por dónde anda, además de andar lento, y además de andar a lo que no tiene que andar. El nigeriano que se queda con poco ángulo pero suelta un zapatazu que se cuela incomprensiblemente porque Cuéllar estaba rezando un rosario media hora antes de que Ikechukwu golpeara la pelota. En fin, señores. 1-0.

Descanso y sensación que únicamente Sangoy estaba a la altura de las circunstancias.

Comienza la segunda parte y Santi Jara, una vez más desaparecido, deja su sitio al inefable Carmona.

Y curiosamente empezamos a mejorar, no gracias a Carmona, por supuesto, sino, crreo yo, porque tanto Cases como, especialmente Bustos, empezaron a imponerse en medio campo, ya que, entre otras cosas, le empezó a fallar la pila del marcapasos a Farinós con lo que bajó ostensiblemente su nivel. Nuestra sala de máquinas no perdía el balón tan rápido y conseguía conectar, por fin, con un  Trejo que comenzaba a avisar de lo peligroso que es al tiempo que el Villarreal bajaba el ritmo debido a que habían impuesto uno muy alto en la primera parte.

Sangoy estaba impresionante, muy metido, poniendo en juego de forma perfecta todos los balones parados, y ese ventaja que da el tener un tío con calidad en el golpeo, hace que la estrategia en esa faceta del juego dé frutos convirtiendo un córner o una falta lejana en una ocasión clara. Sandoval tiene a Sangoy, Preciado, antes de llegar el argentino, tenía a Luis Morán. La diferencia es clara.

De una falta lejana por la derecha, sacada por Gastón Maximiliano, llega una clarísima ocasión de Bernardo que, llegando perfectamente desde atrás, gana la espalda a la defensa y con todo a favor, remata de cabeza muy fuerte, pero un pelín desviado.

Un saque de banda en largo por la izquierda le llega a Sangoy que, sin ángulo, le pega de forma inverosímil para que el balón se pasee por la línea sin que Bilic en última instancia llegue a empujar la pelota.

Era una fase del partido en la que dominábamos completamente al Villarreal y dábamos la sensación de poder, al menos, empatar.

Ellos tuvieron el 2-0 en un mano a mano de Pereira con Bernardo, al que deja sin cadera plantándose solo delante de Cuéllar y éste, de forma providencial, la despeja con el pie.

Un córner por parte del Villarreal en el que a punto nos marcan el segundo, se convierte en una contra gracias a un saque largo hacia Trejo que con mucha visión pone un gran balón para que un rapidísimo Sangoy bata por bajo de primeras al portero del Villarreal. Empate a 1-1.

Como suele pasar en estos casos, los cinco o diez minutos siguientes fueron de no saber quién de los dos equipos iba a llevar el dominio. Hasta que el Villarreal volvió a tomar el mando. Un agotado Farinós dejó su sitio a un compañero de habitación en el geriátrico: Marco Senna. Además de Hernán Pérez por la izquierda sustituyendo a un inofensivo Moi Gómez.

Más ocasiones para ellos, especialmente con la entrada de Perbet por Jonathan y un Sporting en el que gente muy importante empezaba a dar sensación de estar reventada. Tres fueras de juego seguidos de Bilic, por quedarse descolgado, no por buscar el espacio en un ataque, que no tenía fuerzas ni para salir y ponerse en su sitio, y Sandoval decide sacar a David Urdangarín en lugar del croata.

Hubo unos momentos en los que se jugó a un ritmo altísimo, con los dos equipos rotos y con un intercambio de golpes para intentar ganar. De ida y vuelta. Un correcalles, que diría Héctor Quiroga.  Pero por nuestra parte nos duró lo que duró un agotado Trejo.

Sandoval, que no tenía toda la sangre en el cerebro debido a tenerla medio morcillona, decide cambiar a Sangoy, también reventado tras un gran partido, para meter a Guerrero, pudiendo amarrar el empate reforzando el centro del campo, ya que Bustos, tras una segunda parte de gran nivel, tampoco podía, como es lógico, con sus colgajos. Para qué coño se ficha a Casquero. Coño, pues para unos diez minutos finales como los de hoy, principalmente.

Y claro, en el descuento, el amigo Carmona intenta hacerle un autopase a Bruno entrando por el centro en el campo del Villarreal. Y Bruno, que llevaba jugado todo el partido, sin parar de correr, llevándose todos los balones, le mete el culo a la señorita Carmona que, como es lógico, pierde el balón de forma ridícula. Pero la cosa no acaba ahí, no, no, no. Carmona, totalmente envilecido por la pérdida, hace un sobrehumano y patético esfuerzo en la presión, a la que por cierto, se suma de manera incomprensible Canella, que le intenta dar con su bolso a Bruno, que se apoya en sus centrales y la vuelve a pedir al espacio y con los dos chiflaos haciendo el canelo; recibe y mete un buen pase por el medio a Uche, con Cases intentando hacer de Canella para que Iván no deje una autopista por el centro. Pero qué va, Hernández tiene una UTE y hay que hacerlo bien para ver si en el futuro se hace con el tramo de Unquera-Llanes. Resultado, el hermanísimo de Kalu, se planta delante de Cuéllar y le bate por bajo pegado al poste. 2-1 y pa Gijón con cara de Froilán de Todos los Santos.

Lo que no hay derecho, es que jugadores que salen de repuesto para dar aire al equipo, no aporten absolutamente nada, ya no en la construcción, qué va, no pido tanto, pero joder, que parezca al menos que jugamos con once en vez de con ocho. Guerrero, Carmona y David no aportaron absolutamente nada. Ver a Trejo o Sangoy, o Bustos completamente reventados y a estos tíos salir a pasearse y a perder el balón por dar taconitos en banda me pone del hígado.

Hoy, fueron ellos los que permitieron, además de Iván Hernández, que el Villarreal nos ganara el partido. Es que si dices: “oye no, que estaben yendo a por todes arriba pa intentar ganar hooo…”, pero es que no señor, ni siquiera fue por eso. No fue que estuviéramos yendo a tumba abierta a por el partido. Que no coño, que no, fue que salieron a pasearse, y hay que salir a darlo todo y hacer lo posible para marchar con ese empate que es cojonudo si ganamos al Barsa en El Molinón dentro de una semana. El desajuste que produjo Carmona en medio campo, con Trejo, como es lógico arriba porque no podía ni caminar, pero con estos dos, Guerrero y David, tocándose los güevos en sus respectivas bandas… es para echar a correr y no parar.

Soy yo Bustos, y alguno en el vestuario iba a cagar trito.

Si Santi Jara sigue a lo suyo, es decir, a rascarse las pelotas y a perder balones en sitios comprometidos, que no juegue más. Lo malo es que el remedio de Sandoval parece ser Carmona y tengo claro que es peor que la enfermedad.

Hay que olvidarse del partido de hoy, que a ratos fue un buen partido por nuestra parte, con un muy buen trabajo de algunos jugadores y  pensar en el domingo que viene. Si seguimos por esta línea los objetivos, que no son otros que meternos en la promoción con la gorra, estarán más cerca.

Los de arriba ya no parecen tan fuertes. Hay que estar ahí al final, que seguro que pillamos puesto de promoción.

PD. Rosety, cabrón, sal del Molinón!!!!!

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.